Dos- Y bien, quizá mis hábitos resultan contrarios a mis principios, pero prefiero no verlo de esa manera, el altruismo tiene muchas formas, ¿qué debería ofrecerle a mis semejantes, lo que piden, lo que merecen o lo que necesitan? qué gran problema!… en fin, retomaré este punto más adelante. Regresando a mi historia, todo inicia en una conversación tranquila con copas de por medio, la jocosa inhibición que causa el alcohol nos condujo a mi y a mi amigo invitado a tocar temas escabrosos, el sexo! después de chistes, chascarrillos, ocurrencias y uno que otro comentario crítico, surge la pregunta casi obligada, ¿y cómo anda tu vida en esas cuestiones? mi respuesta a la pregunta desembocó en una propuesta… no, no, no se trataba de nosotros, tanto mi gran amigo como el lector sabe ahora sobre mi condición gay, la propuesta iba encaminada -dada mi soltería- hacia introducir a las relaciones carnales entre personas del mismo sexo a su gran amiga y colega, una mujer de aproximadamente 38 años, exitosa, emprendedora, linda, pero sobre todo aburrida de las relaciones heterosexuales (ahora sé todo eso, en el momento de la propuesta ni siquiera la conocía) esto sonaba bastante raro, tener una cita a sabiendas de que TENÍA que desembocar en sexo, no pude evitar formularme varias preguntas ¿cómo llega uno a ese tipo de citas, como amigo, amante o desconocido que invita a la seducción? ¿será necesario llegar al estado etílico para intimar con alguien que igual ni despertará tu deseo? ¿seremos ambas tan abiertas como para poder dejar de lado el prejuicio que causa planear tocar a un desconocido? ¿realmente podemos planear este tipo de desenlaces?. A decir verdad, esa propuesta no resultó del todo atractiva, es en esos momentos cuando te percatas de que ya no harías cualquier cosa por sexo, los tiempos de adolescencia prolongada ya habían pasado, tenía poca disposición a aventuras de una noche, acostones y rapidines casuales… pero acepté, creo que fue mas compasión que otra cosa; seamos honestos, vivimos de apariencias, nos gusta agradar, nos apropiamos de ciertas reglas absurdas que nos coronan como “aptos socialmente”, si esa chica estaba buscando este tipo de compañía, a su edad, con su vida prácticamente resuelta y con una reputación que cuidar, no pude dejar de pensar en ella como una mujer exitosa con una sombra inconforme, triste, aburrida, fastidiada, ese tipo de personas que solo despierta cada mañana por que tiene presente sus deberes ¿cómo podría negarme a devolverle ese tipo de emociones que solo las expectativas eróticas acarrean? (continuará)…

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