Cinco- Tiernas, agraciadas, cortas, operadas, con zapatos Manolo Blahnik, desinhibidas, con olor a chanel mademoiselle, tímidas, referentes de la sección de sociales de los periódicos, directas, bellas y no tan bellas… todas únicas, invaluables, incomparables. Digamos que la damisela del primer encuentro y mi amigo no son precisamente un ejemplo de discreción; pasaron cerca de tres semanas para que una chica “recomendada” me contactara a mi numero celular pretendiendo tener un encuentro de la misma índole; ella de voz dulce y femenina -sonaba de veintitrés años, pero realmente tenía cuarenta- un tanto retraída y con la voz entrecortada se limitó a mencionarme sus referencias y pedirme una tarde de compañía, revelaciones y sobre todo “que le permitiera conocerse a sí misma” (algo así dijo), ambas con total seguridad de saber exactamente de que estábamos hablando, pensé en ella como un pequeño ratoncito pidiendo permiso para exponer la fiera que llevaba dentro. Admito que la desconfianza hizo orden de aparición de nuevo, no podría ser de otra manera ¿Y si es la esposa de un narco, quizá una persona violenta, una voyerista que le gusta grabar sus encuentros, una morbosa que me podría meter en problemas, una chiflada, desequilibrada o perturbada? Yo era aún una total inexperta, lo que menos quería en mi tranquila vida eran complicaciones; me reconfortó el hecho de que mi amigo y la dama cómplice son ciudadanos ejemplares, me imagino que no son ese tipo de personas que suele contar sus intimidades a cualquiera fuera de sus círculos inmediatos; decidí confiar y cedí de nuevo, todo parecía tremendamente fácil, incluso mis numerosas preguntas en torno a la desconfianza fueron desapareciendo poco a poco. La vi, me vio y todo fluyo con total soltura, tengo que confesar que después del primer encuentro mi desenvolvimiento carnal era distinto, empezaba a sentirme confiada y  firme en mis objetivos, cambió mi vida y creo haber cambiado la fría vida sentimental y sexual de más de una… Así es, esto sigue siendo el inicio, creo que algo debí haber hecho bien como para que las recomendaciones siguieran surgiendo una a una. (Continuará…) 

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