Siete-  Honestamente me considero una mujer recta, educada, con principios, pero estoy consciente de que al llevar a cabo el tipo de prácticas sexuales que he venido describiendo podría parecer todo lo contrario: una mujer libertina, promiscua, ególatra, de esas que celebran cada acostón como un triunfo cuyo trofeo es el derecho a fanfarronear con recuerdos de chicas… Podría hacerlo, pero desde el inicio el objetivo fue bastante claro: 1. hacer que las damas vuelvan a creer, ya sea en el erotismo, en el amor, en la expectativa, en el deseo, qué sé yo; 2. hacer que ellas vuelvan a sentir; lo contrario te vuelve gris, muerto en vida. Creo que no he fallado como persona íntegra, pero sí he fallado como persona respetuosa ¿a qué me refiero? verás, de cierta forma contribuyo con los actos deshonestos de las chicas que me buscan para con sus maridos; ellas han recurrido a la infidelidad, así de simple. No es que yo esté cargando con las decisiones ajenas, pero no puedo culparlas por querer sentir. En la mayoría de los casos, la infidelidad es para personas que buscan emoción, me doy cuenta que esa emoción del enamoramiento y del coqueteo son sensaciones que la gente suele abandonar después de casada, si ellas se sienten abandonadas, deben de darse cuenta que no hay obstáculo más que su propia mentecita, mi deber es orillarlas a valorar si son mas fuertes sus ganas de sentir o su seguridad combinada con soledad; si ellas, desde un principio, tenían preferencias sexuales que reprimieron, espero ayudarlas a que busquen eso que las hace sentir deseadas y plenas. De seguro el lector debe preguntarse qué gano yo con hacer esto, si no voy a alardear de mis experiencias y tampoco cobro, pues no me queda más que la satisfacción del suspiro después del orgasmo y el recuerdo del olor a desnudez… (continuará…)     

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