Al relatar mis historias, me doy cuenta que debería sentirme demasiado afortunada por haber gozado de apasionados olores a perfume, a sudor, a mujer; por las caricias ajenas pero honestas que engañaron mis sentidos por momentos, alientos tibios, el contacto de la punta de los dedos recorriendo curvas empapadas, por besos y más besos… Soy afortunada porque me fue consentida la llave de la intimidad de mujeres inimaginables, de película, de esas que regularmente habitan en nuestros sueños al imaginar que lo idealizado se vuelve real. Supongo que tengo la fortuna que más de la mitad de chicas de ambiente nunca tendrá. Es más que sabido que hay ciertas cosas que atraen a este tipo de chicas de ensueño: el dinero, un físico divino, niveles altos de poder, qué sé yo… yo no tengo nada de eso, lo único que hago prácticamente es corresponder al deseo y ser amable, no suena bastante difícil ¿cierto? (risa pícara). Y bueno, tampoco voy a dejar caer mi ego tan bajo, el hecho de tener características caucásicas me favorece, imagino que la vida debe ser más fácil para una chica de mi tipo, lo cual es injusto, pero a fin de cuentas y por ahora, es lo que es.
El otro día me encontraba conversando sobre este tipo de cosas con una colega, ella decía que el sexo era un premio de consolación para quien no podía lograr un compromiso más serio, definitivamente no estoy de acuerdo, parte de la mentalidad adulta es poder separar los placeres de la carne de los lazos afectivos; ahora resulta que quien no tiene pareja no puede disfrutar su sexualidad? por supuesto que no, de hecho si los lazos fueran tan necesarios, imagino que nuestros círculos serían muy pero muy reducidos; aún cuando se niegue el deseo, el erotismo es para todos, vive y vivirá dentro de nosotros, simplemente inevitable… (continuará…) 

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