Sentir o no sentir… esa es la cuestión

Siete-  Honestamente me considero una mujer recta, educada, con principios, pero estoy consciente de que al llevar a cabo el tipo de prácticas sexuales que he venido describiendo podría parecer todo lo contrario: una mujer libertina, promiscua, ególatra, de esas que celebran cada acostón como un triunfo cuyo trofeo es el derecho a fanfarronear con recuerdos de chicas… Podría hacerlo, pero desde el inicio el objetivo fue bastante claro: 1. hacer que las damas vuelvan a creer, ya sea en el erotismo, en el amor, en la expectativa, en el deseo, qué sé yo; 2. hacer que ellas vuelvan a sentir; lo contrario te vuelve gris, muerto en vida. Creo que no he fallado como persona íntegra, pero sí he fallado como persona respetuosa ¿a qué me refiero? verás, de cierta forma contribuyo con los actos deshonestos de las chicas que me buscan para con sus maridos; ellas han recurrido a la infidelidad, así de simple. No es que yo esté cargando con las decisiones ajenas, pero no puedo culparlas por querer sentir. En la mayoría de los casos, la infidelidad es para personas que buscan emoción, me doy cuenta que esa emoción del enamoramiento y del coqueteo son sensaciones que la gente suele abandonar después de casada, si ellas se sienten abandonadas, deben de darse cuenta que no hay obstáculo más que su propia mentecita, mi deber es orillarlas a valorar si son mas fuertes sus ganas de sentir o su seguridad combinada con soledad; si ellas, desde un principio, tenían preferencias sexuales que reprimieron, espero ayudarlas a que busquen eso que las hace sentir deseadas y plenas. De seguro el lector debe preguntarse qué gano yo con hacer esto, si no voy a alardear de mis experiencias y tampoco cobro, pues no me queda más que la satisfacción del suspiro después del orgasmo y el recuerdo del olor a desnudez… (continuará…)     

Las chicas bien venciendo el aburrimiento

Seis- En mi ciudad, Morelia, no hay muchos lugares para ocultarse, no hay forma de ser invisible, nadie lo es, aun así hay cierto sector de la sociedad que lo es todavía menos; veamos a que me refiero: mi primer encuentro fue con una chica de esas cuyo rostro se asoma en las secciones de sociales de los medios locales de vez en cuando -como hemos de saber, en las poblaciones pequeñas se conoce, o se conocía a la gente por su apellido, de tal forma que hasta el día de hoy es fácil seguirle la pista a toda su descendencia, lo cual implica que estos apellidos “reconocidos” eran sinónimo de familias bien acomodadas económicamente- esa es precisamente la gente menos invisible, la gente “pública” cuya vida anda de lengua en lengua, de ojo en ojo, de chisme en chisme y vaya que suelen estar preocupados por ello. El hecho es que esta chica, la primera, la que ocasionó la cadena de “invitaciones”, por obvias razones debe tener un círculo de amiguitas de confianza en las mismas condiciones sociales, y lo mismo sucedió con la siguiente y con las demás para acabar pronto; lo que da a entender que este tipo de chicas son con las que tengo mis encuentros, no porque desprecie a la gente más sencilla, sino porque el azar me condujo hacia ellas. Debo admitir que las mujeres bien acomodadas económicamente tienen más desventajas de las que todos creemos, antes de entrar en sus casas y en sus vidas pensaba que dentro de sus mundos todo era más fácil, pero estaba en un error, son solitarias, les importa demasiado el qué dirán y se obligan a hacer ciertos esfuerzos por cuidar su reputación; Muchas otras están cegadas por la idea del éxito, son adictas, les persigue como fantasma, su estatus les preocupa más que su felicidad, por ello limitan sus acciones y decisiones; otras están esclavizadas al modo de vida de la ama de casa cumplidora, nunca se los diría en su cara, pero su afán por mantenerse seguras económicamente, puede hasta destruirlas. Después de darme cuenta de lo gris que puede llegar a ser su existencia en este mundo, ahora entiendo que tienen razones de sobra para buscar un poquito de emoción fuera de sus vidas, que muchos creíamos perfecta, es entonces que me buscan… (continuará…)   

Como Dios nos trajo al mundo…

Cinco- Tiernas, agraciadas, cortas, operadas, con zapatos Manolo Blahnik, desinhibidas, con olor a chanel mademoiselle, tímidas, referentes de la sección de sociales de los periódicos, directas, bellas y no tan bellas… todas únicas, invaluables, incomparables. Digamos que la damisela del primer encuentro y mi amigo no son precisamente un ejemplo de discreción; pasaron cerca de tres semanas para que una chica “recomendada” me contactara a mi numero celular pretendiendo tener un encuentro de la misma índole; ella de voz dulce y femenina -sonaba de veintitrés años, pero realmente tenía cuarenta- un tanto retraída y con la voz entrecortada se limitó a mencionarme sus referencias y pedirme una tarde de compañía, revelaciones y sobre todo “que le permitiera conocerse a sí misma” (algo así dijo), ambas con total seguridad de saber exactamente de que estábamos hablando, pensé en ella como un pequeño ratoncito pidiendo permiso para exponer la fiera que llevaba dentro. Admito que la desconfianza hizo orden de aparición de nuevo, no podría ser de otra manera ¿Y si es la esposa de un narco, quizá una persona violenta, una voyerista que le gusta grabar sus encuentros, una morbosa que me podría meter en problemas, una chiflada, desequilibrada o perturbada? Yo era aún una total inexperta, lo que menos quería en mi tranquila vida eran complicaciones; me reconfortó el hecho de que mi amigo y la dama cómplice son ciudadanos ejemplares, me imagino que no son ese tipo de personas que suele contar sus intimidades a cualquiera fuera de sus círculos inmediatos; decidí confiar y cedí de nuevo, todo parecía tremendamente fácil, incluso mis numerosas preguntas en torno a la desconfianza fueron desapareciendo poco a poco. La vi, me vio y todo fluyo con total soltura, tengo que confesar que después del primer encuentro mi desenvolvimiento carnal era distinto, empezaba a sentirme confiada y  firme en mis objetivos, cambió mi vida y creo haber cambiado la fría vida sentimental y sexual de más de una… Así es, esto sigue siendo el inicio, creo que algo debí haber hecho bien como para que las recomendaciones siguieran surgiendo una a una. (Continuará…) 

Ella…

Cuatro- Tengo que admitir que una experiencia sexual con un extraño es desconcertante, de nuevo, no pude evitar formular un montón de preguntas, un poco idiotas por cierto, ¿habré cumplido sus expectativas? ¿estaría ella esperando a una persona totalmente experimentada? ¿le gustó? ¿le gusté? ¿nos gustó? etc. decidí abandonar cuestionamientos inútiles para concentrarme en el hecho de que ella por fin conoció ese mundo que le hacía tanto ruido, como todos sabemos, es totalmente diferente estar con una mujer a estar con un hombre, es esa delicadeza, ese olor, esa complicidad, qué se yo! creo que dos kilos de erotismo nos separa (sin generalizar); y bueno, me conformo con haberla hecho sentir deseada. No sé sus circunstancias de vida, si tiene novio, esposo, hijos, si es divorciada, prefiero no saberlo, quizá haga corto circuito con mis principios, he procurado manejarme de forma recta en mis relaciones y vínculos sentimentales; sonará contradictorio, pero honestamente no quiero hacer frente a toda esa serie de sentimientos de culpa, no creo estar destruyendo relaciones, me gusta pensar que ayudo a las chicas a abandonar el conformismo y los criterios idiotas de la sociedad que pretenden señalar a aquel cuyas preferencias no son compatibles con los cánones tradicionales, no hay nada de qué avergonzarnos, pero ellas no lo han entendido, probablemente la experiencia sexual con una igual les permita cambiar de perspectiva, eso espero.
Regresando, cuando terminó nuestro contacto sexual nos quedamos en su cama calladas, ambas pensando, con un concierto de respiraciones agitadas, ella rompió el silencio, al tener conexión intima conmigo, supongo que pensó que podía confiar y abandonar su estatus de mujer perfecta, me relató su fallida vida sexual, sus grandes carencias sentimentales, yo solo me limité a dar oídos en tanto que entiendo que la gente realmente quiere, desea y necesita ser escuchada, lo cual me hizo pensar que detrás del éxito, el poder y el dinero hay un sinfín de carencias, deseos y promesas sin cumplir, pero ese es otro tema. Ella… tan bella, tan impecable, tan delicada, la recuerdo de manera un tanto especial, pues ella fue la primera de muchas. (continuará…)

Así funcionan los encuentros casuales…

Tres- Tenía que suceder, la expectativa me devoró… ella dulce al inicio y salvaje al final; suelo pensar que dadas las circunstancias de esa chica, difícilmente iba a darse la oportunidad de tener una aventura lésbica, no sé el contexto de su vida, pero creo que el mundo profesional nos cambia a todos, llegamos como una masa amorfa que va tomando forma de acuerdo a los roces con el entorno, terminamos siendo unos mojigatos, prejuiciosos y frustrados, la corriente nos arrastra; si tan solo pudiéramos atrevernos a pedir lo que deseamos, seguro tendríamos mejores vínculos con los demás, y sobre todo con nosotros mismos. Nuestro encuentro inició con cierta timidez de ambas partes, ella primeriza y yo con mediana experiencia, había tenido únicamente tres parejas, todas menores que yo, e igual de inexpertas que yo, de esas que piensan que un dedo consuma el acto sexual; sonaba a desastre seguro, no me quedó mas que confiar en el poder del erotismo… funcionó… palabras, miradas, acercamientos intencionales, de tal manera que no basta con tener el vigor de un maratonista, la flexibilidad de una jirafa de hule, con aguantar el tiempo equivalente a una jornada laboral o ser tan agraciada físicamente que tan solo con parpadear levantas suspiros y deseos, el hecho de estimular la imaginación, el deseo y la expectativa no tiene precio, me alejé de su cuerpo, pero apuesto que aún vivo en su mentecita; no soy tan arrogante como para alegrarme por ello, simplemente espero que nuestro encuentro le haya movido a abrir sus alitas y buscar exactamente lo que espera de la vida, abrirle la puerta a ese nuevo universo de posibilidades amorosas y sexuales, hasta ahora no explorado. En tanto que ella es mayor que yo, me imagino que su condición bisexual le causó demasiados problemas dentro de una sociedad -en ese entonces- tapada y moralista, más vale tarde que nunca, mi deber había terminado (continuará…)